
(a Pam)
en la infértil y muda pradera del cielo
atardeciendo se aleja una jauría
de nubes hambrientas en inversa gravedad
mientras engullen a su paso a este sol inútil
que insiste en no tocarme con los grados
de su tragedia nuclear y tan distante
en otro plano
los astros menores y primeros
desfloran los agujeros de una noche
aun menos amarga
pero ya no estás para mirarla sin mirarme
ya no estás y se cierra
la extensa función de tus pestañas
mientras el espectáculo espacial
se torna ajeno nuevamente
y tras las pupilas una vez amadas
tus (sin saber) crueles candados
atesoran con duro celo mi felicidad
liberando la desdicha





