lunes, 23 de septiembre de 2013

Áridos incoherentes



o

evitar encontrar entre las calles, mirando a escondidas las evidencias con que el resto delimita mis posibilidades, suena imposible. Como imposible es dejar de recordar los que no eres.

Qué necesidad hay realmente en forzar a la palabra. Qué tan importante puede ser que te envidie el silencio.

Ya viste en la pupila asomar a la bestia y no corriste; toda violencia siempre te sedujo.

Y de pronto soy aquí y no hay lucidez que valga la pena.


oo

Avanzan fantasmales las sombras que dejamos buscando nuestra compañía.

Pero correr era la fórmula.

Y desaparecer desaparecer desaparecer, y hacerte mito del que espera, tan frágil e inocente, tan monstruo y sin memoria.

Cabalgas la razón pero no la entiendes.

Y consumes días que no son, y bebes de las costumbres de los otros tus acciones que no mienten, por lo menos, no como tú.


Ronald Harris

26 de octubre de 2012

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