martes, 25 de enero de 2011

Eternal sunshine of the spotless mind*

“How happy is the blameless vestal’s lot!
The world forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotless mind!
Each pray’r accepted, and each wish resign’d.”

(Extracto de "Eloisa to Abelard" - Alexander Pope)





Toda verdad es una trampa en las cavernas de sus lunas,
señales que apuntan hacia la incertidumbre de la memoria.

Debemos de olvidar entonces
el odio y su paciencia hermética,
como las vírgenes vestales consagradas al diluvio.

Salir en busca del fuego
que nunca debimos dejar de adorar.

Volver al sueño primitivo que no se convirtió en llanto,
ni en borde del borde de este abismo de quimeras.

Hemos de quemarte en ese fuego
y hacerte brillar en él hasta que grites
y te hagas resurrección de la alegría;

el eterno resplandor de una mente sin recuerdos*




R.A. Harris
25 de enero de 2011


* Titulo de la película de los escrita por Chalie Kaufman y dirigida por Michel Gondry (2004)

martes, 18 de enero de 2011

Letras para un regalo inmerecido

Aunque despiertes mis demonios
y te sirvas en su mesa
cualquier palabra posible o imposible,

y la materia de tus actos sea un refugio
donde esconder ese corazón de loza fría,

te tallo en mis poemas una y otra vez,
abriendo las grutas que conducen a ti y a la llaga,
a ti y al imperio de lo inalcanzable;

la montaña que se empina más allá de la metáfora.

Aunque en la literación obsecuente de mi verso no veas la agonía,
y rayes la sinceridad con pensamientos ajenos,
con brújulas que apunten lejos de mí,

te hago letras de esta lengua que te elevará
más allá de una eternidad que no mereces,

pero que aún así, te regalo.



R.A. Harris
18 de enero de 2011

Ante los ojos de la inmensidad

Es algo menos que la pena y sin embargo
baila entre las hojas convertida en versos,
en textos arados con la letra ilusa
extraída del alma de aquellos que aun sueñan.

Y hablamos en ella de la muerte como si fuera algo,
como si existiera realmente,
cuando en la bastedad de lo cósmico
nuestra realidad es imperceptible.

Somos el llanto de una ameba enamorada de lo infinito.

Somos partículas sin luz propia en las puertas de la maravilla.

Somos el gasto inútil de un Dios aburrido y moribundo,
sufriendo las microscópicas tragedias que nos azoran
como un Apocalipsis miserable, un holocausto
indiferente ante los ojos de la inmensidad.



R.A. Harris
17 de enero de 2011

miércoles, 12 de enero de 2011

Síntoma de la divinidad

Primero fueron las cucarachas que merodeaban al ocaso,
adornando con pinceladas de asco las tinieblas.

Entonces fue la lluvia y los arabescos de luz
atravesando las nubes con premura:

no es el llanto de Dios sino su risa la que te destroza.

El viento vino con su canto destructor
a resolver los enigmas del ruido bajo el polvo;

mañanas atiborradas de cielos y de azules
y del dulce hedor de los ríos que bordean el paisaje.

Y están las calles y las alcantarillas
y los bastos subterfugios de la desolación por donde transita
el rumbo estático de los seres
que tienen marcado su destino entre los dientes,
como el cristo de los sollozos camino hacia la cruz,
camino al paredón:

esa milla verde de los ángeles que se pudren en las estacas.

Es que así es el amor que baja desde el imperio de los asteroides;

la celeste amplitud de su sangre se esparce
por las llagas de los penitentes que la moran;

la paranoia es el primer síntoma de la divinidad.




R.A. Harris
11 de enero de 2011

Space oddity



gravitar en la órbita de lo extraño fue la regla

acudir al prólogo inexacto
de una galaxia que se rompe en los ojos

la nave fuiste tú
y esta necesidad de acumularme en tus orillas
como un polvo de estrellas inefable

pero Orión no fue fórmula
ni estas siglas con las que nombro a tu planeta

no

no bastó extendernos junto al universo que se quiebra
ni escuchar el retorno de aquel susurro estelar

porque ser un ángel sin que nadie logre verte
jamás tuvo sentido
menos en esta dimensión de imprecisiones que te claman

aun así
haré llover los cometas que necesites

sólo debes decirme dónde



R.A. Harris
18 de octubre de 2010

Moby Dick*




1.

Era blanca y brillaba,
y la mierda gruñía entre sus piernas
con los ojos apretados.

Pronto fue la medianoche de los ases.

Subí por la escala real,
noctámbulo invertido, somnoliento,
hediendo a noches y pastillas
y a la cábala que sumerge a los marinos:

la ballena se ríe de mí,
se ríe mientras besa sus islas glaciares.


2.

¿Cuánto ron hay que navegar hasta callarse?

Fuiste promesa de tu escuela,
y del arpón que prefirió tu mano para herir al leviatán.

Fuiste antes de la mutilación,
promesa de barlovento en las quijadas de la historia,
ese que haría camino más allá de su Neptuno.

Pero aquí estás Job,
besando a tu cetáceo como Ahab.


3.

Aquí estás y no puedes ocultarte;
toda carta tiene su momento.

Fue opción jugar tu número entonces,
tirarte a la mesa como a esa puta que te hizo llorar.

Pero el blufeo de un par menor que dos,
menor que un cero gritado en el vació,
nunca fue suficiente.


4.

Ballena,

dime mirándome a los ojos
si fui un buen bocado;

Dios quiso beberme
aun no siendo vino de su mesa.

Tú en cambio
sólo querías devorarme.

5.

Dime si luchar contra mi ira valió la pena,
para sangrar por tus barbas esta llamarada de la furia.

Dime si tu sonar que escudriña lo insondable,
no escucha aun mis gritos que se pierden en la marea,

no escucha aun mis gritos desestimados por Dios.



R. A. Harris
02 de enero de 2011



* H. Meville